No habrá IA relevante, ni transición energética, ni transformación digital que agreguen valor y bienestar reales que sean sostenibles, sin ingenieros electricistas y electrónicos.

El jueves de la semana pasada, 5 de febrero de 2026, un profesor que estimo mucho, me invitó a ofrecer una charla motivacional a los nuevos estudiantes de Ingeniería Eléctrica y Electrónica en Medellín, en la universidad de la cual salí egresado hace 46 años. Disfruté este conversatorio de dos horas y media, pero me enteré de manera directa que los jóvenes que terminan bachillerato ya no tienen preferencia por estudiar ninguno de estos dos programas.

Me sorprendió saber que el número de estudiantes que inician estudios en el primer semestre de 2026 en las dos carreras en esta universidad, eran el 30% de los 140 estudiantes que iniciamos esos estudios hace casi medio siglo.

Antes y después del evento dialogué con varias ingenieras e ingenieros de mi generación, que ayudaron a idear, diseñar, construir, administrar, regular y mantener el actual sistema de suministro de energía eléctrica, de telecomunicaciones y de datos del país; ellos aún siguen estudiando, enseñando y aportando su experiencia para que esta infraestructura siga operando. Algunos ya estaban enterados de la situación: me contaron que en otras universidades solo se inscribieron 3 estudiantes para ingeniería eléctrica en el primer semestre de este año, que algunos programas de estas ingenierías se han cerrado por falta de alumnos y que el porcentaje de alumnos que siguen en el segundo semestre a veces es menor al 50%. Reflexionamos sobre las razones de esta situación. Nos costaba trabajo entender, que a pesar de que estas dos ingenierías son el cimiento robusto de la cuarta revolución industrial, sin profesionales de estas dos ramas de conocimiento, calificados, responsables, creativos y con la aptitud de estar en permanente aprendizaje, no lograremos desarrollar Inteligencia Artificial relevante, ni transición energética, ni transformación digital que agreguen valor y bienestar reales y sostenibles para el país.

A partir de la publicación de los datos abiertos del Sistema Nacional de Información de Educación Superior (https://snies.mineducacion.gov.co/portal/ESTADISTICAS/Bases-consolidadas), de 2000 al 2022, se puede corroborar esta tendencia. En la Figura 1 se puede ver el número de estudiantes de primer curso de Ingeniería Eléctrica en Colombia por semestre. Observe cómo el número de estudiantes que empiezan a estudiar Ingeniería Eléctrica disminuyó en 30% entre 2015 y 2022 y esta tendencia se mantiene para los bachilleres que inician sus estudios en febrero o en julio.

Figura 1. Estudiantes en primer curso de Ingeniería Eléctrica en Colombia por semestre.

La Figura 2 presenta la misma información anterior, pero para los estudiantes de Ingeniería Electrónica. Se observa la misma tendencia decreciente desde 2015; a pesar de que deberíamos estar incrementando el interés en esta área de conocimiento, si deseamos ser competitivos como país y como persona.

Figura 2. Estudiantes en primer curso de Ingeniería Electrónica en Colombia por semestre.

Las Figura 3 y la Figura 4 evidencian que la disminución de estudiantes inscritos en los programas de estas dos ingenierías se presenta de manera similar tanto en las universidades oficiales como en las privadas. Entre 2000 y 2004 había más estudiantes de primer curso en Ingeniería Electrónica en las universidades privadas que en las universidades oficiales. Pero esta situación cambió; el número de estudiantes de primer curso de Ingeniería Electrónica en las universidades privadas se redujo en 2022 al 33% respecto al número de ese mismo tipo de estudiantes del año 2000.

Figura 3. Estudiantes anuales en primer curso de Ingeniería Eléctrica en Colombia por sector.

Figura 4. Estudiantes anuales en primer curso de Ingeniería Electrónica en Colombia por sector.

La tendencia en la disminución de interés para las dos carreras ocurre de igual manera en los dos géneros de estudiantes. Esto se puede ver en la Figura 5 y la Figura 6. Por otro lado, se evidencia que, a pesar de los esfuerzos por modificar esta situación, la relación de estudiantes mujeres de primer curso respecto a los estudiantes hombres, en ambas carreras, se mantiene en una proporción de 1 a 6 desde hace 22 años.

Figura 5. Estudiantes anuales en primer curso de Ingeniería Eléctrica en Colombia por género.

Figura 6. Estudiantes anuales en primer curso de Ingeniería Electrónica en Colombia por género.

¿Cuál puede ser la causa de esta situación de falta de interés en estas dos ingenierías? La pregunta es pertinente cuando se tiene en cuenta que la IA, la transición energética, la transformación digital y la IA son y serán las tecnologías del futuro. Y estas se soportan en las ingenierías eléctrica y electrónica.

En contraste, en el país que domina la transición energética, que lidera la IA y la transformación digital, en 2024 se graduaron más de 1,5 millones de ingenieros y de estos 300.000 eran de ingeniería eléctrica y electrónica. Un estudio reciente (https://www.xataka.com/robotica-e-ia/china-quiere-ser-potencia-absoluta-ciencias-stem-ha-tenido-idea-graduar-ingenieros-que-escriban-palabra) asegura que “en 2020 China ya era el país que más graduados en ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas (STEM) producía en todo el mundo con una diferencia abismal: 3,57 millones frente a los 2,55 millones que producía India o los 822.000 de Estado Unidos. Actualmente China ya tiene 5,8 millones de graduados y se calcula que más del 40% de todos los graduados eligen una carrera STEM”. Este logro sobresaliente (https://www.xataka.com/robotica-e-ia/china-lleva-30-anos-cultivando-talento-stem-silencio-hoy-tiene-cantera-ia-codiciada-planeta) que ha impulsado el bienestar de su población de manera continua, se inició hace 40 años, tras la muerte de Mao y la llegada al poder de Deng Xiaoping, donde se restableció la educación con un foco especial en la ciencia y la tecnología. El mandatario destacó en 1988 cómo «la ciencia y la tecnología son las principales fuerzas productivas», y fomentó un cambio singular.

¿Cuál será nuestro plan para los próximos cuarenta años?